Trabajar desde la escucha: Natalia Zubizarreta construye sus proyectos en base al sentido común y al criterio

La interiorista reconoce que para ella es importante desarrollar proyectos que "transmitan calma, luz y equilibrio", donde los usuarios se sientan a gusto. Por otra parte, considera que la "creatividad, por sí sola, no es suficiente", y que se debe trabajar codo con codo con el cliente para conocer la forma en la que vive, sus necesidades y lo que le motiva y emociona, con el fin de reflejarlo también en el espacio. 

24/04/2026

Siempre he sentido que una casa no debería impresionar, sino acompañar. Mi forma de entender el interiorismo no busca lo llamativo, sino lo permanente. Me interesa crear espacios que transmitan calma, luz y equilibrio, donde todo tenga sentido y nada sea gratuito. A veces lo llaman "lujo silencioso", pero para ...

Siempre he sentido que una casa no debería impresionar, sino acompañar. Mi forma de entender el interiorismo no busca lo llamativo, sino lo permanente. Me interesa crear espacios que transmitan calma, luz y equilibrio, donde todo tenga sentido y nada sea gratuito. A veces lo llaman "lujo silencioso", pero para mí tiene más que ver con hacer las cosas con criterio: elegir bien los materiales, cuidar los detalles y apostar por una estética atemporal que no se agote con el tiempo.

Pero si hay algo que realmente define mi manera de trabajar es la escucha. Una escucha activa, honesta, casi silenciosa, que me permite entender de verdad cómo vive cada persona, qué necesita y qué espera de su casa. Desde la humildad, cada proyecto se construye con sentido común y sensatez, alejándose de lo impuesto para convertirse en algo propio. Por eso, más allá de la belleza, me importan las personas. Que los espacios funcionen, que sean cómodos y que mejoren su día a día. Que se sientan suyos desde el primer momento.

Durante muchos años convivieron dos realidades: una intuición muy fuerte hacia el interiorismo y, al mismo tiempo, una necesidad constante de seguridad. Empecé a trabajar muy joven y asumí responsabilidades pronto, así que mi manera de avanzar siempre estuvo muy ligada al esfuerzo: trabajar mucho, de forma constante, para construir esa estabilidad.

Con el tiempo, ese trabajo sostenido fue generando algo casi orgánico: empezaron a llegar más proyectos, más confianza, más demanda. Y con ella, la necesidad de dar un paso más allá. No fue tanto una decisión puntual como una consecuencia natural: cuando el volumen crece, necesitas ordenar, estructurar y profesionalizar. Así empezó a tomar forma el proyecto, con la creación de procesos, el trabajo en equipo y una mayor eficiencia.

Uno de los mayores aprendizajes ha sido entender que la creatividad, por sí sola, no es suficiente. Y que complacer constantemente tampoco lo es. Al principio, la forma de trabajar era mucho más reactiva, con decisiones abiertas y una adaptación continua a cada cliente. Sin embargo, este enfoque genera más incertidumbre que seguridad.

Con el tiempo, se impuso una idea clara: la creatividad necesita dirección y el proyecto, límites. Hoy el estudio trabaja desde una estructura más definida, con una escucha profunda desde el inicio —cómo vive el cliente, qué necesita, qué le emociona— para construir proyectos coherentes, ordenados y con sentido. Es precisamente ahí donde el cliente se siente representado dentro de un proceso cuidado.

Mirando atrás, hay aprendizajes que se repiten en cualquier camino emprendedor. No hace falta tenerlo todo claro para empezar, pero sí saber escuchar la intuición. El talento, además, no basta: convertir una vocación en negocio implica aprender gestión, asumir errores y tomar decisiones complejas.

También es clave entender que la autoexigencia puede ser un motor, pero necesita equilibrio. Poner límites, tanto con los clientes como con el propio tiempo, forma parte del crecimiento. La visibilidad ayuda, pero no sostiene un proyecto por sí sola: lo que realmente lo hace es el trabajo bien hecho y un equipo sólido.

Y hay un último elemento, menos visible pero fundamental: el trabajo personal. Entenderse, cuidarse y crecer como persona forma parte del proyecto empresarial. Porque, al final, si uno no está bien, la empresa tampoco lo está.


FOTO PRINCIPAL.: Natalia Zubizarreta, interiorista. Fotografía: retrato de Solo un instante Photography.

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