España vive uno de los momentos más críticos de acceso a la vivienda de su historia reciente. En los últimos años, el precio de la vivienda no ha dejado de crecer en todo el país y ya se ha convertido en la principal preocupación para el 40% de la población.Según ...
España vive uno de los momentos más críticos de acceso a la vivienda de su historia reciente. En los últimos años, el precio de la vivienda no ha dejado de crecer en todo el país y ya se ha convertido en la principal preocupación para el 40% de la población.
Según datos de Idealista, el precio del metro cuadrado de una vivienda en España se situó a finales de 2025 en los 2.555 euros. Esta cifra, que no ha parado de crecer desde 2017, supone un incremento del 45% respecto a 2020 y ya supera con creces los récords de precios registrados entre 2006 y 2008, antes del estallido de la crisis inmobiliaria.
Al aumento del precio de compra de la vivienda hay que sumar un incremento sin precedentes de los precios del alquiler. Según estimaciones recogidas por Amnistía Internacional, los precios del alquiler han llegado a aumentar un 100% en los últimos diez años. El alquiler medio en España es hoy el doble de caro que en 2015.
La gran paradoja del mercado inmobiliario en España se encuentra en el extenso parque de viviendas con el que cuenta el país. Más allá de las tensiones existentes en grandes ciudades como Barcelona o Madrid, España dispone de cerca de 27 millones de inmuebles, lo que supone una ratio de 600 viviendas por cada 1.000 habitantes, un porcentaje considerablemente superior a la media europea.
La dicotomía entre un elevado parque de viviendas y las enormes dificultades para acceder a una de ellas se explica por tres factores fundamentales. El primero es la existencia de un parque de 3,8 millones de viviendas vacías. La mayoría de ellas se encuentran en municipios de menos de 10.000 habitantes que, aunque concentran tan solo el 20% de la población, albergan el 45% de las viviendas del país.
El segundo factor tiene que ver con el uso turístico y las segundas residencias. Aunque el 85% de la población española dispone únicamente de una residencia habitual, se estima que más de 2,5 millones de inmuebles son segundas residencias y cerca de medio millón corresponden a viviendas de uso turístico.
Sumando ambos factores, España cuenta con algo más de siete millones de viviendas que no se utilizan como residencia habitual, lo que representa el 26% del parque inmobiliario.
El tercer factor lo encontramos en el crecimiento de los hogares unipersonales. En el 28% de las viviendas de España vive una sola persona y en otro 29% residen únicamente dos.
La radiografía del parque de vivienda en España muestra un escenario propicio para convertir los inmuebles en un activo de especulación, aprovechando la elevada demanda en unas zonas urbanas cada vez más pobladas y destinando una parte importante de las viviendas a usos no residenciales.
Los sindicatos de Inquilinos e Inquilinas del país advierten de que el problema del acceso a la vivienda no se resolverá únicamente construyendo nuevos pisos, sino también mediante regulaciones que desincentiven la especulación inmobiliaria. Una regulación que consideran clave para evitar que la vivienda siga siendo uno de los principales generadores de desigualdad en España.
