En la colonia Cal Rosal, en Avià, en la comarca del Berguedà (Barcelona), una antigua casa de pueblo ha comenzado su nueva etapa. La reforma de esta vivienda de 100 m², recupera el carácter de un espacio que en otro tiempo fue una cuadra para convertirlo en un refugio cálido, ...
En la colonia Cal Rosal, en Avià, en la comarca del Berguedà (Barcelona), una antigua casa de pueblo ha comenzado su nueva etapa. La reforma de esta vivienda de 100 m², recupera el carácter de un espacio que en otro tiempo fue una cuadra para convertirlo en un refugio cálido, acogedor y conectado con el paisaje.
De esta reforma nace Cal Moliné, una antigua casa que ocupa una de las plantas inferiores de Cal Rosal, y que parte de una particularidad arquitectónica que condicionó desde el principio la intervención: el desnivel natural de la finca, una de sus fachadas queda semienterrada. El reto era conseguir que esta condición no fuera una limitación, sino una oportunidad.
La fachada principal, construida en piedra y orientada hacia el río, se convirtió así en una de las grandes protagonistas del proyecto. Aprovechar al máximo la entrada de luz natural y reforzar la relación con el entorno fueron dos de las claves de la reforma. La premisa era conseguir esa sensación de casa de campo que invita a bajar el ritmo, descansar y reconectar con la naturaleza, pero incorporando al mismo tiempo todas las comodidades de una vivienda contemporánea.
Una vivienda que recupera sus raíces
La historia del espacio fue determinante para definir los materiales y la atmósfera. Al tratarse originalmente de una cuadra, el proyecto buscó recuperar parte de ese carácter rural sin caer en una interpretación excesivamente literal o rústica. La madera y el barro cocido se convierten en los grandes protagonistas. La paleta cromática parte de los tonos naturales del entorno, con predominio de maderas en tonos castaño y un verde oscuro que aparece de manera recurrente en tapizados, papeles decorativos y mobiliario.
El verde funciona casi como un hilo conductor de toda la vivienda. Inspirado en la vegetación y los bosques del Berguedà, permite establecer un diálogo constante entre el interior y el paisaje exterior.
El pavimento de barro cocido refuerza todavía más esta conexión con la arquitectura tradicional. Se utilizaron diferentes formatos para crear un mosaico con riqueza visual y carácter, buscando un acabado natural, atemporal y capaz de envejecer bien. Al acceder a la vivienda se encuentra un gran espacio abierto en el que salón, comedor y cocina conviven sin tabiques. La distribución mantiene la amplitud y la entrada de luz, mientras distintos recursos arquitectónicos y decorativos ayudan a definir cada ambiente. En el salón, la mirada se dirige hacia una composición diseñada a medida: un mueble bajo y unas baldas de madera teñida forman una pequeña librería donde conviven libros sobre la zona y piezas recuperadas.
El conjunto se completa con un papel decorativo de inspiración vegetal en tonos verdes y una estructura de pladur que integra la chimenea eléctrica y el televisor, creando una composición limpia y ordenada. La chimenea, escogida como alternativa a la de leña por las condiciones técnicas de la finca, mantiene el carácter acogedor de un hogar tradicional.