Situada bajo una colina en el corazón verde de Bizkaia, esta vivienda unifamiliar de inspiración japonesa se desdibuja entre la vegetación respetuosamente integrada en la naturaleza que la rodea. Su presencia apenas se reconoce como volumen construido desde ciertos puntos de vista, lo que genera una sensación de refugio, casi ...
Situada bajo una colina en el corazón verde de Bizkaia, esta vivienda unifamiliar de inspiración japonesa se desdibuja entre la vegetación respetuosamente integrada en la naturaleza que la rodea. Su presencia apenas se reconoce como volumen construido desde ciertos puntos de vista, lo que genera una sensación de refugio, casi de espacio excavado en una parcela de 1.724 m2. Esta condición más introspectiva en el acceso contrasta con su apertura hacia el entorno, donde las estancias principales se orientan al paisaje y a la luz, estableciendo una relación directa con el exterior. El proyecto se articula a partir de un juego de planos y volúmenes que remite a la arquitectura japonesa, donde la composición se entiende como un equilibrio entre elementos más que como una forma autónoma. La fachada, construida mediante un sistema de bloques texturizados, introduce un ritmo constante y una escala cercana, mientras que las cubiertas blancas, de líneas limpias y horizontales, aportan ligereza al conjunto. Esta combinación genera una arquitectura contenida, donde la materialidad y la geometría trabajan conjuntamente para integrarse en el entorno.
La propuesta traslada al ámbito doméstico el concepto de karensansui, o jardín zen, donde la composición se basa en la precisión y el equilibrio entre llenos y vacíos. Una envolvente neutra, continua y silenciosa actúa como base del proyecto, mientras que elementos puntuales en tonos más oscuros introducen contraste y permiten poner en valor determinados espacios. Este enfoque refuerza una percepción serena de la vivienda, donde cada decisión responde a una intención clara. La referencia a la arquitectura tradicional japonesa no se limita a lo formal, sino que se vincula a una manera de entender el habitar. La relación con la naturaleza se plantea desde la proximidad y la continuidad, integrando el paisaje en la vida cotidiana y diluyendo los límites entre interior y exterior. El resultado es una vivienda que propone una forma de habitar equilibrada, en contacto directo con su entorno y construida desde la sutileza. "Diseñar también es saber qué dejar en silencio; para que luz, materia y paisaje se expresen con naturalidad", afirma
Xabier Arranz, socio fundador BAT.

渋い (Shibui), bello en su propia sencillez, naturalidad y sutileza
En el interior, la luz natural se convierte en uno de los principales elementos del proyecto. Se filtra a través de las aperturas y se matiza mediante soluciones ligeras que evocan las tradicionales particiones japonesas, los shoji, reinterpretadas desde una lógica contemporánea. La iluminación no solo define los espacios, sino que construye una atmósfera cambiante que acompaña el paso del tiempo y refuerza la relación con el exterior. Una forma de habitar armoniosa con un contacto cercano a la naturaleza.
La referencia a la arquitectura tradicional japonesa no se limita a lo formal, sino que se vincula a una manera de entender el habitar. La relación con la naturaleza se plantea desde la proximidad y la continuidad, integrando el paisaje en la vida cotidiana y diluyendo los límites entre interior y exterior. El resultado es una vivienda que propone una forma de habitar equilibrada, en contacto directo con su entorno y construida desde la sutileza.