Durante años se han buscado casas perfectamente coordinadas, donde cada pieza encajaba en una misma estética. Hoy, sin embargo, la tendencia apunta hacia hogares más personales, espacios que reflejan quiénes somos y que evolucionan con nosotros. "Cada vez buscamos menos una casa que parezca sacada de un catálogo y más una ...
Durante años se han buscado casas perfectamente coordinadas, donde cada pieza encajaba en una misma estética. Hoy, sin embargo, la tendencia apunta hacia hogares más personales, espacios que reflejan quiénes somos y que evolucionan con nosotros. "Cada vez buscamos menos una casa que parezca sacada de un catálogo y más una casa en la que realmente podamos reconocernos", explica Paula Martino, directora creativa de Kenay Home. "Una casa bonita es, sobre todo, una casa que habla de las personas que viven en ella".

Para conseguirlo, no es necesario renunciar a una estética cuidada. La clave está en crear una base atemporal, con materiales naturales, maderas, tejidos agradables y tonos equilibrados, que permita incorporar piezas con carácter y combinar diferentes estilos sin perder armonía. "No todo tiene que pertenecer a la misma colección ni responder exactamente al mismo lenguaje. De hecho, cuando combinamos piezas diferentes es cuando muchas veces conseguimos los interiores más interesantes", señala Martino.
Además, los objetos personales también desempeñan un papel fundamental. Es el caso de fotografías, recuerdos de viajes, libros o piezas con historia aportan una dimensión emocional que transforma cualquier espacio. "Son pequeñas huellas de nuestra historia", afirma la directora creativa. Con ello, el hogar deja de ser una imagen perfecta para convertirse en un espacio vivo, en constante evolución. Porque la verdadera personalidad de una casa no reside en que todo combine, sino en que cada detalle tenga sentido para quienes la habitan.
