La experiencia internacional y transversal de Enrique Ibáñez está en el origen de UrbanMatters, el estudio que Ibáñez dirige actualmente y desde el que continúa trabajando en proyectos que abarcan desde laarquitectura y el interiorismo hasta el paisaje, el espacio público y la planificación urbana. Su trayectoria le ha permitido desarrollar una mirada ...
La experiencia internacional y transversal de Enrique Ibáñez está en el origen de UrbanMatters, el estudio que Ibáñez dirige actualmente y desde el que continúa trabajando en proyectos que abarcan desde la
arquitectura y el interiorismo hasta el paisaje, el espacio público y la planificación urbana. Su trayectoria le ha permitido desarrollar una mirada que entiende estas disciplinas no como compartimentos independientes, sino como diferentes escalas de una misma pregunta: cómo diseñar los lugares en los que las personas viven, trabajan, se relacionan y desarrollan su vida cotidiana. Es precisamente desde esta perspectiva desde la que Ibáñez reivindica el placemaking como una herramienta que puede aplicarse mucho más allá del urbanismo. Para el arquitecto, hacer lugar no significa simplemente diseñar espacios atractivos, sino comprender primero quién los va a utilizar, cómo va a vivirlos y qué características hacen único cada entorno.
"El placemaking puede adaptarse a todos los espacios que nos rodean. Puede ser el salón de tu casa, puede ser el parque donde vas cada mañana o el barrio en el que habitas", explica Ibáñez. Esta forma de entender la arquitectura implica, por tanto, no partir de una solución predeterminada, sino de las personas y del contexto. El proceso comienza por escuchar al cliente o a los futuros usuarios, analizar las características del lugar y detectar qué elementos pueden convertirse en parte de la identidad del proyecto. "El placemaking no es un estilo arquitectónico que implementas a tu gusto como arquitecto. No se trata de aplicar un patrón de diseño que se repite en cada proyecto, sino de escuchar al propietario de la casa, al usuario del parque o al espíritu del barrio", señala. Desde esta perspectiva, la identidad se convierte en una de las claves del proyecto. En una vivienda puede estar relacionada con la manera de vivir de sus propietarios, la distribución de los espacios, la luz, los materiales o la relación entre interior y exterior. En una oficina, con la cultura de la empresa y las necesidades de quienes trabajan en ella. En un espacio público, con los recorridos, los usos, el paisaje y los lugares de encuentro. Y, a escala urbana, con la historia del entorno, sus conexiones, su paisaje y la relación que los ciudadanos mantienen con él.
Uno de los proyectos que mejor ejemplifica esta aproximación es Buzzard Point, en Washington D. C., un masterplan en el que participa UrbanMatters junto a West 8 New York. El proyecto plantea a transformación de un antiguo enclave industrial situado entre los ríos Potomac y Anacostia en un nuevo barrio de usos mixtos. El diseño parte de las características del lugar y de su relación con la ciudad para construir una nueva identidad urbana, favoreciendo los desplazamientos a pie y en bicicleta y la creación de espacios capaces de generar actividad y comunidad. El proyecto figura además en el perfil profesional de Ibáñez del COAM. "Lo interesante es comprobar cómo todos estos campos se conectan", explica Ibáñez. "Desde el
interior de una vivienda hasta el momento en que una persona sale de ella y empieza a experimentar la ciudad, todo forma parte de una misma experiencia". Así, arquitectura, interiorismo, paisaje y urbanismo pasan a formar parte de una misma cultura de proyecto, basada en entender cómo las personas experimentan los espacios y qué hace que un lugar tenga significado para ellas.