Los propietarios de esta vivienda en Vitoria-Gasteiz de 94 m², cargada de memoria, pedían un enfoque contemporáneo sin perder su carácter. Miren Ruiz Interiorismo ha acometido el proyecto de interiorismo como un puente entre la historia arquitectónica de la casa y una forma de vivir actual: conservar lo que define ...
Los propietarios de esta vivienda en Vitoria-Gasteiz de 94 m², cargada de memoria, pedían un enfoque contemporáneo sin perder su carácter. Miren Ruiz Interiorismo ha acometido el proyecto de interiorismo como un puente entre la historia arquitectónica de la casa y una forma de vivir actual: conservar lo que define el piso y trabajar, sobre todo, en cómo se usa. La distribución original se mantiene prácticamente intacta. De este modo, la vivienda cuenta con cocina y comedor en una sola estancia, totalmente independiente del salón, dos dormitorios, un despacho, un baño y una habitación polivalente utilizada como gimnasio. Las intervenciones se han centrado en mejorar la funcionalidad, redefinir usos y aprovechar espacios infrautilizados para adaptarlos a las necesidades actuales de sus propietarios.
Las molduras y otros elementos originales conviven con materiales actuales, líneas depuradas, iluminación técnica y una paleta serena inspirada en la naturaleza. El recibidor, antes un espacio oscuro, es ahora el primer capítulo de esa coherencia. Blancos, madera natural, molduras y mobiliario a medida lo conectan con el resto de la vivienda. Una gran lámpara de araña original se ha conservado como parte de su esencia.
Salón con puertas de cristal
Un cerramiento acristalado con puertas correderas y perfilería blanca separa el salón y le da privacidad sin restar luz al resto de la casa. En el salón, junto a un cómodo rincón de lectura, se ha diseñado una librería a medida que recorre la pared de lado a lado y de suelo a techo. Este elemento combina estantes lacados en blanco en la parte superior con armarios inferiores en madera e integra el televisor y una chimenea, todo frente a un sofá tapizado en tonos neutros.
Lejos de abrir la zona de día, el salón queda diferenciado de la cocina y el comedor, que ocupan una misma estancia. "Este proyecto demuestra que separar la cocina y el comedor del salón no tiene por qué ser una solución desfasada ni restar luz. Al contrario: permite crear dos ambientes diferenciados y muy luminosos, y es una distribución plenamente actual", explica Miren Ruiz. La zona del comedor se compone de una mesa de madera de patas metálicas, sillas tapizadas artesanalmente y dos lámparas suspendidas en ratán y tela; la cocina apuesta por el verde pastel y la madera: muebles bajos en verde, altos en roble y una encimera clara. Los electrodomésticos, sin panelar, aportan un contraste en negro que se repite en la grifería.
Papel pintado, un plus de calidez
El papel pintado es el recurso que reviste distintas estancias para aportar calidez. Un mural de olivos viste el comedor; una trama geométrica con destellos dorados enmarca el sofá del salón; un diseño de bambú sobre un zócalo da carácter a uno de los dormitorios; y una espiga gris tiñe el paso del recibidor, donde cuelga una acuarela enmarcada.
En el dormitorio principal, tonos suaves, textiles de distintas texturas y pequeños toques de azul construyen un espacio sereno. Dos paneles decorativos diseñados por Miren Ruiz en papel pintado y molduras enmarcan los apliques de lectura y aportan simetría. Los armarios lacados en blanco y sin tiradores resuelven el almacenaje sin imponerse. Por su parte, la pared del cabecero del segundo dormitorio, revestida con dos papeles pintados distintos separados por un perfil, aporta un toque diferente a la estancia. Aquí se ha optado por la serenidad de las tonalidades verdes y por la combinación de distintas capas y texturas.
El despacho recibe luz directa que se tamiza con las mismas cortinas que el resto de la vivienda. Funcional y cálido, se resuelve con un módulo de almacenaje a medida en forma de L que aprovecha el espacio, un escritorio de madera y distintos elementos que aportan contraste en metal negro. El resultado es una vivienda que no empieza de cero, sino que decide qué conservar y cómo transformarlo.