36 dernos, se apuesta por electrodomésticos vistos en inox, negro mate o incluso blanco, jugando con las texturas del mobiliario y encimeras para lograr contraste. “La clave está en el equilibrio visual y en cómo conviven los materiales en el conjunto del espacio, sin perder de vista las necesidades y usos de los clientes. Hay que tener en cuenta que los electrodomésticos panelados suelen ser muy armónicos en el espacio, pero algo de espacio se pierde, en algunos casos”, apuntan desde el estudio. Diseño prioritariamente funcional y personalizado El primer paso a la hora de proyectar la cocina es conocer a fondo previamente al cliente: cómo cocina, cuántas personas viven en casa, si disfrutan de recibir invitados o si prefieren soluciones más prácticas, así como el uso de la vivienda (si es primera, vacacional, de alquiler...). A partir de ahí, “seleccionamos electrodomésticos que se ajusten al uso real, al estilo decorativo y al tamaño de la cocina. Y buscamos siempre funcionalidad, estética y facilidad de uso, así como un consumo energético reducido”, comenta María del Valle. Rubio quiere destacar el que considera el mejor consejo: no dejar la selección de los electrodomésticos para el final. Y hacerlo siempre a partir de los citados parámetros de las necesidades en la cocina de cada cliente, sin olvidar el espacio disponible, el estilo de vida y la estética. “Una cocina bien pensada es aquella en la que todo está donde debe estar y nada sobra. Y eso solo se consigue diseñando con cabeza desde el minuto uno”, añade. Para que una cocina sea cómoda y funcional, todos los estudios de interiorismo coinciden en que en su diseño se ha de respetar el famoso ‘triángulo de trabajo’, es decir, “que las zonas de aguas, de refrigeración y de cocción han de estar organizadas de manera que podamos desplazarnos entre ellas, rápida y fluidamente”, dice Mariola Figuerola. Para ello, los lados de dicho triángulo han de tener una distancia similar y equilibrada para minimizar desplazamientos, facilitar el flujo de trabajo natural entre las zonas de preparación, cocción y almacenaje y, con esta eficiencia, mejorar la experiencia de uso diaria. “Eso sí, el triángulo no puede ser equilátero siempre, sino que hay que adaptarlo a la forma de la cocina; ya sea lineal, en L, en U o con isla, priorizando la funcionalidad sin renunciar a la estética”, afirman desde María del Valle Interiorismo. Y añaden que esto es más fácil de conseguir en cocinas en U, en L o con isla central, y más difícil en cocinas en línea recta. Pero más allá de la regla (que incluso tiene unas medidas concretas), lo importante es adaptarse al estilo de vida del cliente. “Una buena distribución es la que permite cocinar con fluidez, mantener el orden y aprovechar al máximo el espacio. Cada cocina es única, como cada cliente”, piensa del Valle. Las tendencias son más funcionales que estéticas Si hablamos de tendencias en el sector de los electrodomésticos de cocción, “están más relacionadas con la funcionalidad y la eficiencia energética que con la estética”, considera Figuerola. Por un lado, explica que lo que se ve cada vez más es la unificación de elementos: horno-microondas, o un horno con función freidora de aire, si hay poco espacio en la cocina o se quiere priorizar el almacenaje. Y si los clientes no son una gran fa- <<Estudio Susana de Villa
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