IMCB nº160

47 Durante décadas, el baño fue concebido como un espacio estrictamente funcional dentro de los hogares, de carácter más bien frío. Sin embargo, en los últimos años, la arquitectura residencial ha transformado radicalmente su significado. Hoy el baño se entiende como un lugar de bienestar, un refugio doméstico donde diseño, confort y tecnología convergen para crear experiencias de relajación, con mayor funcionalidad, más accesibles y visualmente más ligeros. ¿Y cuál es el papel de las duchas y las bañeras en este contexto? En esta evolución, la forma de diseñar ambos elementos ha influido mucho, ligada directamente al entorno del proyecto y al perfil del usuario. Las duchas claramente han ganado protagonismo frente a la bañera gracias a “su capacidad por integrarse en el espacio de forma casi invisible, con platos extrafinos o soluciones a ras de suelo que generan continuidad visual y sensación de amplitud. Además, se ha reforzado la idea de accesibilidad universal, eliminando barreras y facilitando el acceso”, explica el arquitecto Javier de la Cruz, fundador de DmasC - Estudio de arquitectura. Por su parte, la arquitecta Lourdes Treviño, fundadora de estudio Freehand Arquitectura, añade en beneficio de las duchas, las mamparas casi invisibles, los revestimientos continuos y los rociadores de gran formato como elementos que refuerzan esta tendencia de favorecer una estética más contemporánea en los baños actuales. Por su parte, la bañera ha evolucionado hacia una pieza más escultórica y experiencial, dejando de considerarse un elemento estándar en la mayoría de viviendas. En lugar de la bañera empotrada tradicional, hoy se incorporan modelos exentos que funcionan como la pieza protagonista del baño, asociadas a momentos de relajación y cuidado personal. “En muchos proyectos actuales conviven ambas soluciones: una ducha funcional para el uso diario y una bañera pensada para el bienestar y el descanso”, explica de la Cruz. Los condicionantes que determinan la elección Pero en algo que coinciden todos los estudios a la hora de hablar de ducha y/o bañera en esta estancia, el primer condicionante a tener en cuenta es el espacio disponible. Pablo Castro, arquitecto y fundador de 15000studio, considera que en espacios de menos de 4 ó 5 m², lo más habitual es optar por duchas de gran formato, con dimensiones recomendables de al menos 1,50 × 0,80 m, ya que permiten optimizar el espacio sin renunciar a la comodidad. En cambio, cuando el baño alcanza 6 o 7 m², ya es posible proyectar bañeras exentas y decorativas, capaces de transformar el baño en un auténtico spa urbano dentro de la vivienda. En estos casos, normalmente se trata del baño principal, “y muchas veces con un enfoque más ligado al confort o al capricho estético que a una necesidad funcional”, opinan en Freehand Arquitectura. Y añaden que en estos baños se combina la bañera con la ducha y ésta, en algunos proyectos, puede incluir efecto sauna o sistemas de hidroterapia, “reforzando la idea del baño como espacio de bienestar”. Desde el estudio DmasC enumeran otros condicionantes en la elección, como puede ser la accesibilidad, especialmente en viviendas don- <<Freehand Arquitectura (Foto: Silvia Paredes) “La tendencia actual se mantendrá en los próximos años, con la ducha siendo el elemento principal en la mayoría de viviendas” (Freehand Arquitectura)

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