8 distribución, la capacidad de almacenamiento, la resistencia de los materiales, la funcionalidad de los herrajes o la integración de los electrodomésticos forman parte de un conjunto de variables que el consumidor debe valorar antes de cerrar la compra. En este contexto, la abundancia de estímulos digitales convive con una búsqueda de mayor seguridad durante el proceso de decisión. Las herramientas digitales permiten consultar catálogos, visualizar composiciones y conocer las diferentes alternativas disponibles, pero el consumidor continúa recurriendo a profesionales para resolver cuestiones relacionadas con la planificación y la instalación. El punto de venta y las ferias presenciales mantienen, por tanto, una función relevante como espacio de asesoramiento y como lugar en el que comprobar físicamente materiales, colores y soluciones. Esta situación también está modificando la manera en la que los fabricantes nacionales abordan su relación con el mercado. La presencia digital se ha convertido en un elemento habitual de la comunicación de las empresas, pero su utilidad está vinculada a la capacidad de trasladar información clara sobre los productos y facilitar el contacto con los profesionales. La denominada fatiga digital no implica, por tanto, un rechazo de estas herramientas, sino una demanda de mayor equilibrio entre los diferentes puntos de contacto. Después de años en los que la digitalización ha ganado protagonismo, para las empresas el reto consiste en diferenciar los contenidos útiles de aquellos que aportan poco valor al proceso de compra. El mueble de cocina se encuentra así entre dos dimensiones que deben convivir. Por un lado, la tecnología permite ampliar las posibilidades de diseño, mejorar la planificación y facilitar el acceso a la información. Por otro, la naturaleza del producto mantiene la importancia del contacto físico y del asesoramiento especializado. El impulso del ‘hecho en España’ La evolución de las cifras de producción pone de manifiesto el peso que mantiene la fabricación nacional dentro del mueble de cocina. Los 890 millones de euros alcanzados en 2025 representan un incremento del 11,67 % respecto a 2022 y reflejan una evolución positiva en un escenario marcado por la presión sobre las materias primas, la energía y las cadenas de suministro. La fabricación nacional afronta, en este sentido, una doble exigencia. Por una parte, debe mantener una estructura de costes que permita competir en un mercado en el que participan fabricantes de diferentes países. Por otra, tiene que responder a unas expectativas cada vez mayores en términos de diseño, personalización, funcionalidad y calidad. La combinación de estos factores condiciona las decisiones de inversión, producción y comercialización de las empresas. El comportamiento del mercado interior aparente también muestra la dimensión que ha adquirido el sector. En 2025 se sitúa en 821 millones de euros, por encima de los 684 millones registrados en 2022. La evolución se produce en paralelo al incremento de las importaciones, que pasan de 90 millones de euros en 2022 a 123 millones en 2025. En el caso de las exportaciones, la evolución es más contenida. En 2025 alcanzan los 192 millones de euros, un 2,13 % más que en el ejercicio anterior, aunque todavía se mantienen por debajo de los niveles de años anteriores. La internacionalización continúa siendo una vía relevante para las empresas españolas, pero está condicionada por un entorno exterior en el que los costes logísticos, la disponibilidad de materias primas y las tensiones comerciales pueden alterar las condiciones de acceso a determinados mercados. <<Método
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