98 las cadenas de suministro y la menor demanda exterior, las ventas al exterior han recuperado dinamismo, contribuyendo a reforzar la actividad industrial. BBVA Research señala precisamente la recuperación de las exportaciones de bienes como uno de los elementos clave del crecimiento previsto para Castilla y León. De igual modo, la automoción continúa siendo uno de los sectores estratégicos para Castilla y León, tanto por su peso directo como por su capacidad para generar actividad en industrias auxiliares y servicios asociados. Tal y como subraya el observatorio regional elaborado por el centro de estudios económicos, la transformación que atraviesa el sector supone al mismo tiempo una oportunidad y un reto, al estar marcada por la electrificación del vehículo y la adaptación a los nuevos modelos de movilidad. A este respecto, la llegada de nuevas inversiones y la capacidad de adaptación tecnológica serán factores determinantes para consolidar el papel de la región dentro de las nuevas cadenas de valor industriales. Al mismo tiempo, la demanda interna seguirá actuando como uno de los soportes del crecimiento de Castilla y León. La evolución favorable del empleo y la recuperación progresiva del poder adquisitivo de los hogares están favoreciendo el comportamiento del consumo privado, mientras que el sector servicios mantiene una contribución relevante a la actividad económica. En este ámbito, BBVA Research destaca también la aportación del turismo, cuyo dinamismo beneficia especialmente a las actividades vinculadas a la hostelería, el comercio y otros servicios asociados. Otro de los pilares de la economía castellanoleonesa es el sector agroalimentario, que mantiene un peso destacado dentro del tejido productivo y exportador de la comunidad. Aunque al margen de la producción agrícola y ganadera, la industria de transformación alimentaria constituye un elemento clave por su capacidad para generar valor añadido y empleo. En cualquier caso, el sector afronta retos similares a los del resto del país, como la evolución de los costes de producción, la incertidumbre climática, la disponibilidad de recursos y la necesidad de avanzar hacia modelos más competitivos y sostenibles. Como en el caso de Extremadura, la transición energética, la digitalización, la modernización del tejido productivo suponen una oportunidad para la región a la hora de impulsar nuevas actividades económicas y favorecer la diversificación. Sin embargo, Castilla y León mantiene algunos retos estructurales que pueden condicionar su evolución a medio y largo plazo. Entre ellos destaca especialmente la situación demográfica, marcada por el envejecimiento de la población y la pérdida de habitantes en buena parte del territorio rural. Este escenario plantea desafíos relacionados con la disponibilidad de mano de obra, la prestación de servicios y la capacidad de atraer y retener talento, aspectos fundamentales para sostener el crecimiento económico futuro. En paralelo, se enfrenta a otros riesgos externos como la evolución de la economía europea, las tensiones comerciales internacionales, la incertidumbre energética o la posible ralentización de algunos mercados clave para las exportaciones regionales. Las previsiones actuales apuntan a que Castilla y León mantendrá en 2026 un ritmo de crecimiento sólido. El reto, como en el conjunto de España, es transformar el avance económico en una tendencia sostenible a largo plazo.
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