Durante décadas, alojarse en un hotel era una ventana al futuro. Para muchos viajeros, entrar en una habitación significaba acceder a comodidades reservadas a establecimientos de prestigio: televisión por satélite, aire acondicionado, acceso a internet, telefonía digital o sistemas de iluminación centralizados. Estas soluciones convertían la estancia en una experiencia ...
Durante décadas, alojarse en un hotel era una ventana al futuro. Para muchos viajeros, entrar en una habitación significaba acceder a comodidades reservadas a establecimientos de prestigio: televisión por satélite, aire acondicionado, acceso a internet, telefonía digital o sistemas de iluminación centralizados. Estas soluciones convertían la estancia en una experiencia diferencial que difícilmente se podía replicar en el hogar. Eran símbolos de modernidad y reflejaban el progreso tecnológico del sector hospitality, que actuaba como pionero en la adopción de innovaciones.
Con el paso del tiempo, ese escenario cambió. La tecnología dejó de ser un privilegio exclusivo del hotel y se integró en la vida cotidiana. La climatización residencial se volvió más accesible, los sistemas de automatización doméstica irrumpieron en el mercado y los dispositivos móviles transformaron la forma de gestionar el confort. Lo que antes era extraordinario pasó a ser cotidiano.
De esta manera, hoy el huésped llega a un hotel con expectativas formadas en su propio hogar, donde controla la temperatura desde el teléfono, ajusta ambientes de manera intuitiva y entiende que la tecnología debe estar a su servicio sin exigir complicaciones. El lujo ya no se mide por la presencia de una tecnología, sino por su capacidad para adaptarse a la persona que la utiliza.
Un huésped diferente exige un hotel diferente
Este cambio en hábitos y expectativas ha obligado a los hoteles a replantear su estrategia tecnológica. Ya no basta con disponer de equipamiento avanzado; lo crítico es que dicho equipamiento proporcione una experiencia natural, familiar y coherente con la forma en la que el huésped interactúa con la tecnología en su día a día. Cada viaje trae consigo una preferencia distinta: perfiles térmicos diferentes, ritmos de ocupación variables, exigencias de privacidad o demandas de confort inmediato.
En este nuevo paradigma, la infraestructura hotelera debe ser capaz de reconocer estas necesidades y adaptarse con agilidad. Hablamos de sistemas descentralizados e inteligentes que funcionan habitación por habitación, capaces de ajustarse al comportamiento térmico de cada huésped y de mantener el equilibrio entre eficiencia energética y confort. Esta capacidad de personalización se ha convertido en un indicador directo de competitividad.
La climatización como eje central de la experiencia
Y la climatización es quizás el ámbito el que esta transformación se percibe con mayor claridad. La temperatura es un factor emocionalmente inmediato: determina la calidad del descanso, influye en la percepción de confort y condiciona la valoración final de la estancia. Un sistema rígido o de respuesta lenta genera incomodidad; uno flexible y preciso construye una experiencia positiva sin esfuerzo por parte del huésped.
Para los hoteles, esto supone un desafío técnico relevante. La instalación debe responder a picos de actividad, modos de ocupación inestables y perfiles térmicos completamente distintos entre habitaciones contiguas. También debe operar con criterios de sostenibilidad, optimizando consumos y reduciendo emisiones sin sacrificar sensaciones térmicas. Resolver esta ecuación exige equipos silenciosos, eficientes, discretos en su diseño y preparados para integrarse en ecosistemas digitales.
Es aquí donde GREE, compañía especializada a nivel mundial en climatización y presente en más de 190 países y regiones, aporta soluciones específicamente orientadas al sector hospitality. La compañía ha desarrollado equipos que combinan alta eficiencia, diseño cuidado y conectividad avanzada. Cada unidad se integra de forma natural en el entorno arquitectónico, reduce el consumo energético y permite la gestión inteligente desde plataformas especializadas. GREE responde a la demanda actual del huésped sin perder de vista la operativa del hotel, lo que convierte sus sistemas en aliados directos del nuevo modelo de servicio.

La habitación conectada como fuente de valor operativo
Pero el cambio tecnológico no se limita a la relación entre huésped y dispositivo; también transforma la forma en la que el hotel gestiona su infraestructura. La integración con sistemas BMS, por ejemplo, permite supervisar cada habitación en tiempo real, anticipar desviaciones térmicas y ajustar el rendimiento según criterios de ocupación y eficiencia. El mantenimiento se vuelve predictivo gracias al diagnóstico remoto, que identifica anomalías antes de que afecten a la operación o al confort del huésped.
En la misma dirección, la monitorización del consumo energético habitación por habitación proporciona a los responsables técnicos un nivel de control que antes era imposible, facilitando estrategias de ahorro basadas en datos, no en suposiciones. Conscientes de esta realidad, GREE ha diseñado sus soluciones con esta visión en mente.
Para ellos, cada equipo ha de ser capaz de comunicarse con plataformas avanzadas, transmitir información clave y ajustarse automáticamente a los parámetros definidos por el operador. Haciendo que la climatización deje de ser un coste invisible para convertirse en un activo estratégico, mientras que datos generados por los equipos permiten planificar inversiones, optimizar cargas de trabajo y comprender patrones de uso que mejoran la eficiencia global del edificio.
2026: una nueva etapa para la climatización profesional
De cara a este año, GREE Products inicia una nueva etapa centrada en reforzar su posicionamiento en el canal profesional. La compañía trabaja en un nuevo catálogo que reflejará la evolución de sus gamas actuales y la incorporación progresiva de nuevas soluciones orientadas a la eficiencia, la conectividad y la fiabilidad en proyectos residenciales y terciarios. Todo ello acompañado de un mayor foco en la prescripción, el soporte técnico y la formación especializada, como pilares de una relación a largo plazo con el instalador y el prescriptor.