Durante 2026, la inversión por habitante orientada al mantenimiento del hogar —que abarca desde pequeñas reparaciones de fontanería o electricidad hasta la compra de artículos de conservación— registrará un repunte significativo. Así lo aseguran los últimos datos de Statista Key Market Indicators, que estima un gasto por cápita de 920 euros en este segmento. Este ...
Durante 2026, la inversión por habitante orientada al mantenimiento del hogar —que abarca desde pequeñas reparaciones de fontanería o electricidad hasta la compra de artículos de conservación— registrará un repunte significativo. Así lo aseguran los últimos datos de Statista Key Market Indicators, que estima un gasto por cápita de 920 euros en este segmento.
Este comportamiento consolida una tendencia ascendente en la que los consumidores españoles destinan una parte cada vez más relevante de sus ingresos a proteger el valor y la habitabilidad de sus inmuebles. Los hogares cada vez gastan más en el mantenimiento de su hogar, acumulando cuatro años consecutivos de incremento en la inversión.
La senda del gasto desde 2020: de la contención tras el confinamiento al impacto de la inflación
La evolución del presupuesto por habitante desde 2020 refleja un claro cambio en las prioridades de los consumidores. Tras el repunte puntual vivido durante el confinamiento, el gasto experimentó una fase de reajuste marcada por la cautela. Sin embargo, a partir de 2022, la inflación y el encarecimiento de los insumos energéticos impulsaron de nuevo el valor de estas partidas, obligando a las familias a destinar sumas mayores solo para cubrir las reparaciones básicas.
El periodo entre 2023 y 2025 consolidó una paradoja en los hogares españoles: se hicieron menos reformas integrales, pero arreglar lo básico salió mucho más caro. El encarecimiento de materiales clave como la pintura, el cableado o la grifería, sumado a la subida de las tarifas de fontaneros y electricistas, terminó encareciendo cada visita técnica. Lo que antes era un mantenimiento rutinario se convirtió en un desembolso pesado, acumulando un incremento que alcanza su cota más alta en este 2026.
La ley europea forzará un salto en la inversión hasta 2030
De cara a la segunda mitad de la década, las proyecciones indican que el gasto en conservación mantendrá su curva ascendente, impulsado por exigencias legales. Según el Ministerio de Vivienda, más del 80% del parque residencial español cuenta con una calificación energética E, F o G, lo que sitúa a la inmensa mayoría de las viviendas en el punto de mira de la Directiva Europea de Rendimiento Energético de los Edificios (EPBD).
Esta normativa fija la exigencia de reducir el consumo medio de energía primaria en un 16% hacia 2030. Paralelamente, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) proyecta la rehabilitación energética de 1,2 millones de viviendas. Esta transición forzará a los propietarios a migrar desde un mantenimiento reactivo hacia inversiones técnicas como la aerotermia, el aislamiento envolvente y el autoconsumo fotovoltaico. Estimaciones de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC) prevén crecimientos anuales del sector por encima del 3%, convirtiendo la conservación técnica en el motor del presupuesto familiar.
