La cocina es una estancia en la que pocos metros deben convivir agua, electricidad, almacenaje, electrodomésticos, zonas de trabajo, y, cada vez más, la propia vida social de la casa. Por ello, puede convertirse en una de las zonas más difíciles de proyectar. Natalia Zubizarreta, experta interiorista, nos da las claves ...
La cocina es una estancia en la que pocos metros deben convivir agua, electricidad, almacenaje, electrodomésticos, zonas de trabajo, y, cada vez más, la propia vida social de la casa. Por ello, puede convertirse en una de las zonas más difíciles de proyectar. Natalia Zubizarreta, experta interiorista, nos da las claves para sacar el mayor provecho posible al que se ha convertido en el corazón social de los hogares del siglo XXI. Antes de dibujar una cocina, hay que entender quién va a vivir en ella La cocina no debería diseñarse siguiendo una fotografía de Pinterest, sino observando nuestros hábitos reales ¿Cuántas personas cocinan habitualmente? ¿Hay niños? ¿Recibimos muchas visitas? Son algunas de las preguntas más importantes.
La isla no siempre es la respuesta
La isla se ha convertido casi en un símbolo de la cocina contemporánea. Pero no todas las cocinas lo necesitan, y, sobre todo, no todas tienen espacio para ella. En algunos proyectos puede funcionar mejor una península o una mesa o simplemente dejar libre el centro de la estancia. El criterio a seguir debería basarse en función de lo que necesitamos que ese espacio cumpla: superstición de preparación, zona de desayuno, fregadero o punto de encuentro. Y solo entonces decidir que solución lo resuelve mejor.
Además, una buena cocina debería hacer que los movimientos más habituales resulten casi intuitivos. Una cocina funciona bien cuando prácticamente no tienes que pensar cómo moverte en ella.
El almacenaje no es tener el mayor número posible de armarios
Más que sumar armarios, interesa pensar qué guardamos, cuánto tenemos y dónde lo utilizamos. Cajones profundos para determinados utensilios, gavetas, despensas bien organizadas, soluciones para pequeños electrodomésticos… Además, la encimera también necesita respirar porque si todo permanece a la vista perdemos superficie de trabajo y generamos ruido visual.
Asimismo, otra cuestión importante es que la opción no debería reducirse a elegir entre una cocina abierta o cerrada. Entre ambos extremos existen muchas soluciones capaces de combinar conexión e independencia: puertas correderas, cerramientos acristalados, cocinas semiabiertas que mantienen el contacto visual sin exponerlo todo. La clave está en decidir cuánto queremos compartir porque abrir una cocina también implica decidir cómo queremos relacionar ese espacio con el resto de la casa.
El verdadero reto: cocinar y conversar puedan ocurrir a la vez
La distribución de la cocina debería favorecer la convivencia consiguiendo que quien está preparando la comida pueda conversar, ayudar con los deberes o participar en una sobremesa sin permanecer de espaldas o aislado del resto. Una mesa junto a la cocina, un banco integrado, una pequeña zona de desayuno … pueden marcar una diferencia importante a la hora de crear un lugar cómo en el que realmente apetece quedarse.
Porque cuando la cocina comparte espacio con el salón es importante establecer cierto orden visual entre estos dos espacios. La clave está en decidir que queremos que forme parte del paisaje cotidiano y qué preferimos dejar en un segundo plano.
Una encimera tiene que soportar mucho más que una fotografía
Calor, agua, aceite, manchas, golpes… pocas superficies de la casa están sometidas a un uso tan intenso como una encimera. Por eso su elección no debería responder únicamente a criterios estéticos. Hay que pensar cómo envejece el material, cuánto mantenimiento necesita o cómo se limpia. No existe un material perfecto para todo el mundo, sino un material adecuado para cada forma de vivir.
Una buena cocina combina distintas capas de iluminación: una luz funcional sobre la superficie de trabajo, una iluminación general equilibrada y puntos más cálidos que acompañen los momentos sociales. El objetivo es que la estancia pueda cambiar de ambiente sin cambiar de espacio. Por otro lado, el ruido también entra en el proyecto. Cuando abrimos la cocina al salón eliminamos las barreras visuales y también acústicas. El sonido de la campana, el lavavajillas o la cafetera empieza a convivir con una conversación o alguien trabajando. Por eso, en una cocina abierta es importante elegir electrodomésticos silenciosos. Lo mismo ocurre con los olores y la extracción.
Hay inversiones que no se ven en Instagram o Pinterest
Cuando pensamos en una cocina nueva es fácil fijarse primero en aquello que más se ve. Sin embargo, muchas de las decisiones que determinan si una cocina funciona realmente bien pasan bastante más desapercibidas: una buena extracción, cajones que funcionan perfectamente, suficientes enchufes, etc. Elementos en los que merece la pena invertir porque tienen un uso más intensivo y no son sencillos ni baratos de sustituir en una reforma.
Al final son los momentos cotidianos los que hacen que una cocina deje de ser únicamente un espacio funcional para convertirse en uno de esos lugares donde realmente sucede la vida en casa. Y este es precisamente el gran cambio que ha experimentado esta estancia, pues hoy buscamos integrarla, compartirla y que la vida suceda a su alrededor.