50 dos mundos separados, sino dimensiones que deben integrarse desde el inicio del proyecto. “La funcionalidad y los requisitos técnicos son siempre la base”, afirma. Aspectos como la ventilación, la impermeabilización, las pendientes, la iluminación o los encuentros entre materiales se definen antes de cualquier decisión puramente estética. Un planteamiento que permite que el diseño no comprometa la comodidad ni la durabilidad del baño, al contrario, que la técnica se convierta en una herramienta al servicio de la belleza. La arquitecta de interiores recurre con frecuencia a soluciones visualmente discretas, como acabados oscuros, elementos empotrados o una cuidada unificación cromática para integrar todos los componentes técnicos dentro del conjunto, con el objetivo de que “el resultado sea limpio, armonioso y funcional, sin que la técnica reste belleza”. La misma filosofía se traslada a la elección de griferías y sanitarios. Aunque reconoce la importancia de factores como la innovación o la durabilidad, hay dos criterios que considera prioritarios: la eficiencia hídrica y la facilidad de mantenimiento. “La eficiencia hídrica responde a una necesidad actual: diseñar espacios más responsables, sostenibles y conscientes del consumo”. Y añade que el mantenimiento condiciona directamente la experiencia cotidiana del usuario. “Un baño puede ser muy bonito, pero si resulta incómodo de limpiar o envejece mal, la experiencia se resiente”. En cuanto a la innovación tecnológica, Hernández defiende una visión muy concreta: la tecnología debe ser útil, intuitiva y discreta. Nunca un simple recurso estético o un elemento llamativo sin función real. Esa mirada práctica conecta con otra de las grandes demandas actuales: la personalización. Para la interiorista, cada proyecto debe funcionar “como un traje a medida”, adaptado a las rutinas, necesidades y sensibilidad estética de cada cliente. En el baño, esta personalización cobra especial sentido a través del mobiliario, el almacenaje, las hornacinas, las encimeras o los lavabos integrados, porque son soluciones que permiten optimizar el espacio y conseguir una integración visual mucho más coherente. Además, desmonta uno de los tópicos más habituales sobre el diseño a medida: que necesariamente implica costes desorbitados. “Muchas veces la diferencia de precio se compensa con una mejora enorme en funcionalidad, integración y aprovechamiento”. Aunque reconoce que no todos los elementos requieren fabricación específica -como sucede con determinadas griferías-, sí considera que “trabajar a medida transforma radicalmente la calidad final del espacio”. El baño del futuro ser más vivible que bonito Mirando hacia el futuro, Hernández cree que el baño seguirá evolucionando hacia espacios más humanos, multifuncionales y sostenibles, donde el bienestar continuará siendo un eje central, aunque entendido desde una perspectiva más realista y cotidiana, lejos de la estética puramente aspiracional del spa doméstico. “Los usuarios buscarán baños cómodos, fáciles de mantener, eficientes y adaptados a distintas rutinas”, avanza como profesional. La sostenibilidad ganará todavía más peso a través de materiales responsables, sistemas de ahorro de agua, iluminación inteligente y griferías cada vez más eficientes. Y la tecnología seguirá avanzando, aunque solo tendrá sentido si mejora realmente la vida diaria. “Creo que el diseño irá hacia interiores menos centrados únicamente en la imagen y más enfocados en cómo vivimos realmente”, concluye, a través de la creación de espacios capaces de transmitir calma, acompañar las rutinas y responder de manera natural a las necesidades concretas de cada persona. Errores habituales cuando no hay planificación profesional Uno de los errores más habituales es la pérdida o fuga de espacio. En un baño, cada centímetro cuenta, y una mala distribución puede generar zonas duplicadas, recorridos incómodos o espacios que no se aprovechan bien. “Un profesional empieza siempre por estudiar la circulación, las proporciones y la relación entre las piezas para optimizar el conjunto”, explica Ana Hernández. Otro error frecuente es elegir sanitarios, revestimientos o mobiliario sin haber hecho antes una reflexión previa, la de preguntarse qué se necesita realmente, qué estilo se quiere conseguir y cómo encajará cada elemento dentro del proyecto global. También es muy común dejarse llevar por tendencias sin valorar su durabilidad en el tiempo. “Las modas cambian constantemente y lo que hoy parece imprescindible, puede quedar desfasado en pocos años. Eso no significa renunciar a la tendencia, sino incorporarla con criterio: equilibrando actualidad, personalidad y atemporalidad”. Y, por supuesto, hay errores técnicos importantes que no siempre se ven al principio, pero que aparecen con el uso: mala iluminación, ventilación insuficiente, materiales poco adecuados para zonas húmedas o falta de almacenamiento. En una reforma de baño, según la arquitecta de interiores, “planificar bien evita muchos problemas futuros”, concluye. “Mi planteamiento empieza siempre por comprender muy bien las necesidades de quienes van a utilizar el baño, porque no todos lo utilizan de la misma manera”
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