IMCB nº163

19 Lejos queda la imagen del lavavajillas concebido únicamente como un aparato destinado a liberar al usuario de una de las tareas más repetitivas del hogar. La última generación de equipos ha evolucionado hasta convertirse en una plataforma tecnológica capaz de analizar hábitos de uso, ajustar automáticamente los consumos, comunicarse con otros dispositivos domésticos e incluso aprender de las preferencias de quienes lo utilizan. La inteligencia artificial, la conectividad y la eficiencia marcan una nueva etapa para un electrodoméstico que gana protagonismo en las cocinas contemporáneas. La transformación coincide con un momento en el que los consumidores prestan una atención creciente al impacto económico y medioambiental de sus decisiones. El aumento del coste de los suministros, la preocupación por la escasez de agua y la expansión de los hogares inteligentes han impulsado una nueva forma de entender el equipamiento doméstico. En este contexto, los fabricantes han orientado sus desarrollos hacia sistemas capaces de obtener los mejores resultados utilizando únicamente los recursos necesarios. La inteligencia artificial se instala en la cocina La inteligencia artificial está protagonizando buena parte de la innovación tecnológica aplicada al equipamiento doméstico. Aunque su implantación comenzó en sectores como la climatización o la seguridad del hogar, cada vez tiene una mayor presencia en los electrodomésticos destinados al cuidado de la ropa y la limpieza de la vajilla. El objetivo no consiste únicamente en automatizar procesos, sino en conseguir que los aparatos sean capaces de interpretar situaciones concretas y responder de forma personalizada. Los sistemas actuales integran sensores que analizan la carga introducida, identifican el grado de suciedad y ajustan automáticamente parámetros como la temperatura, la presión del agua o la duración del ciclo. En el caso de Siemens, algunas soluciones permiten incluso recopilar valoraciones del usuario una vez finalizado el programa. A partir de esta información, el sistema adapta futuros lavados a las preferencias detectadas. El electrodoméstico aprende progresivamente y configura una experiencia más ajustada a las necesidades reales de cada hogar. Esta tendencia apunta hacia una cocina donde los equipos tomarán cada vez más decisiones de forma autónoma, reduciendo la intervención humana y mejorando simultáneamente la eficiencia de los procesos. La reducción del ruido se ha convertido en un factor clave en las cocinas abiertas y multifuncionales El agua como recurso estratégico Las prolongadas sequías registradas en distintos territorios europeos y la creciente presión sobre los recursos hídricos han reforzado la necesidad de desarrollar soluciones capaces de minimizar el consumo. Frente a la creencia todavía extendida de que lavar a mano resulta más sostenible, estudios demuestran que los lavavajillas modernos pueden consumir significativamente menos agua cuando se utilizan correctamente. De hecho, según el estudio citado por LG, Hand wash dishwashing behavior: comparison to dishwashers, los lavavajillas modernos consumen un promedio de tan solo 14 litros de agua por lavado mientras que el lavado a mano requiere 140 litros, representando una reducción de casi el 90 %. La diferencia se explica por la precisión con la que estos aparatos controlan cada fase del proceso y por la capacidad de reutilizar parte de los recursos empleados. Beko ejemplifica esta tendencia mediante SaveWater, una tecnología que almacena el agua limpia del último aclarado para emplearla posteriormente en un nuevo ciclo. El sistema permite reducir considerablemente el volumen total de agua consumida sin comprometer la calidad del lavado. A ello se suman sensores capaces de detectar el nivel de suciedad presente en la carga y calcular la cantidad exacta de agua necesaria para cada programa. Gracias a estos avances, la eficiencia deja de depender exclusivamente del comportamiento del usuario y pasa a estar integrada en el propio funcionamiento del aparato. Preparados para durar más tiempo La sostenibilidad de un electrodoméstico no depende únicamente de la energía o el agua que consume durante su funcionamiento. Cada vez cobra más importancia su capacidad para mantener un rendimiento óptimo a lo largo de los años y reducir la necesidad de sustituciones prematuras. En este sentido, los fabricantes trabajan en el desarrollo de motores más robustos, materiales resistentes a la corrosión y sistemas de autodiagnóstico que ayudan a detectar incidencias antes de que se conviertan en averías de mayor gravedad. A ello se suman funciones de mantenimiento automático que recuerdan al usuario cuándo es necesario realizar determinadas tareas de limpieza o revisar componentes específicos. Esta apuesta por la durabilidad responde a una demanda creciente de consumidores que buscan productos fiables, capaces de acompañarlos durante más tiempo y contribuir a un consumo más responsable de los recursos. Asimismo, la posibilidad de prolongar la vida útil de los aparatos se alinea con los principios de la economía circular,

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