52 madera y porcelánico con una mesa escultórica. Y otra cocina se presentaba como una pieza arquitectónica de cuatro caras. Cocina, zona de coctelería, biblioteca con chimenea y acceso a vestidor. La integración era total, hasta el punto de ocultar la placa en la piedra. Geberit centraba su propuesta en lo habitualmente invisible, que son los conductos. A partir de tubos de PVC se articulaba un espacio modular con juegos de espejos que multiplicaban la percepción, organizando baño, vestidor y zona de ducha en un entorno amable. En la primera planta, el reto arquitectónico se hacía evidente. Laufen resolvía un espacio alto y estrecho mediante un ambiente sensorial que combinaba cerámica y piedra volcánica, en línea con su estética minimalista. La cocina de Edelmann, diseñada con Manuel Espejo, dialogaba con el palacio mediante una propuesta atemporal que combinaba clasicismo y modernidad. La isla central articulaba cocina, comedor y zona de coctelería. El espacio de El Corte Inglés introducía el color en formato office, mientras que el obrador recuperaba el pasado conventual del edificio con una atmósfera ritual, construida a partir de luz artificial perimetral y una paleta en blanco y beige. Destacaba también el baño de Carmen Barasona para ramonsoler, que recreaba la cultura japonesa con un recorrido que incluía ducha exterior, transición y acceso a la bañera, utilizando materiales naturales como la madera. En el nivel inferior, los espacios se volvían más íntimos. Nais proponía un baño de suite hotelera donde la penumbra realzaba materiales y curvas, generando un entorno envolvente. Otra cocina mantenía el lenguaje orgánico en tonos tierra, ocultando completamente los elementos funcionales e integrándose en una suite con baño y zona de descanso. Kaldewei apostaba por el contraste entre mármol y barro, combinando formas arquitectónicas con colores suaves. Un espejo en el techo introducía una nueva perspectiva del espacio. El recorrido culminaba en el restaurante, donde la restauración del artesonado conectaba pasado y presente. El espacio trasladaba el espíritu del centro de Madrid a un lenguaje contemporáneo, actuando como nexo de toda la exposición. Lejos de ser meros ejercicios conceptuales, los espacios de Casa Decor demostraban su capacidad de adaptación a viviendas convencionales. La edición de este año confirmó una evolución hacia el diseño emocional, donde cocina y baño se mostraban como escenarios de experiencia, bienestar y conexión. Planteadas como espacios multifuncionales, las cocinas ya no se destinan únicamente a preparar alimentos. Se emplean para convivir y compartir momentos. Ya sea alrededor de una gran isla, abiertas al salón, e incluso integradas en una espectacular zona de bar, son el verdadero corazón del hogar. Los cuartos de baño se consolidan como espacios sensoriales donde cuerpo y mente encuentran equilibrio. Materiales, luz y tecnología se combinan para crear auténticos refugios de calma. Una casa-palacio Construida entre 1892 y 1895, la casa-palacio que albergó Casa Decor 2026 fue diseñada por el arquitecto Enrique Sánchez y Rodríguez como residencia de Alonso Álvarez de Toledo y Caro, marqués de los Vélez y conde de Niebla. Se trata de una de las pocas muestras de arquitectura nobiliaria que todavía se conservan en la zona, lo que convierte al edificio en un testimonio excepcional de la ciudad de finales del siglo XIX. Su origen está ligado a una profunda transformación urbana. Tras la demolición del antiguo convento de San Agustín y del palacio de Medinaceli, la duquesa viuda de Medinaceli vendió el solar situado en la esquina al marqués. Ese mismo año, este encargó la construcción de su residencia familiar, concebida como un palacio urbano con sótano, tres plantas y un torreón en la esquina, un elemento muy característico de la arquitectura señorial de la época. La planta baja y la primera se han mantenido a lo largo de los años prácticamente originales, testigos de la etapa palaciega del edificio. En 1926, el inmueble pasó a manos de la Iglesia, concretamente de la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Su uso ha sido como convento y colegio. En su última etapa, permanecían viviendo en él siete monjas. Fue el arquitecto Joaquín Sainz de los Terreros quien se hizo cargo de la remodelación del edificio en sucesivas adecuaciones. De esta primera intervención data la construcción de la capilla, instalada en las antiguas cocheras del palacio, el espacio más relevante de esta nueva ocupación por su decoración escultórica y donde se ubicó el restaurante de Casa Decor 2026. En ella, de planta rectangular y 164 metros cuadrados, un espectacular lucernario de cristal sirve para dar luz al interior del espacio, que apenas cuenta con pequeñas ventanas a la calle. La tercera planta, que en su origen era de servicio cuando el edificio funcionaba como palacio, y la cuarta, la única construida con posterioridad (en 1941), se incorporaron más adelante. El inmueble está protegido. Con Casa Decor, este edificio que fue casa-palacio y después convento y colegio (de niñas) inicia ahora una nueva vida sin renunciar a su La cocina se reafirma como centro del hogar y punto de relación social
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